Una brisa primaveral anunciaba la llegada del buen tiempo al pequeño pueblo que se constituía por un número de habitantes pequeño pero suficiente. Al haber tan pocos niños los cursos se solían agrupar en clases donde se mezclaban edades y especialidades.
Un par de gemelos entraban por primera vez en el edificio, de unos cinco años cada uno, mientras admiraban con una inocencia propia de niño las instalaciones. Lo cierto era que el edificio en su apariencia ocultaba lo que en realidad se llevaba a cabo dentro de sus paredes. Nadie lo sabía, solo los encargados de educar a los infantes contaban con la confidencialidad suficiente como para ello. Aún así era evidente que todo el pueblo se rodeaba de un aura tensa; un fanatismo que radicaba de unas creencias bien arraigadas y una obsesión producto de lo mismo. Fue el motivo de que se tomase como centro de pruebas y entrenamiento militar.
El primer día se desarrolló con tranquilidad, al menos para lo que se consideraba normal en el desarrollo del proyecto. Los niños fueron sentados y a cada uno se les asignó un número para luego ser llamados uno por uno. En el turno de los gemelos ambos iban agarrados de las manos, dispuestos a avanzar en compañía hacia la puerta del despacho principal hasta que uno de los guardias los detuvo.
--¿Dónde vais? Uno por uno. Seguid las órdenes.
--Siempre vamos juntos. No molestes. --rabió el que parecía más espabilado, tirando de la mano de su hermano que mantenía la cabeza gacha con timidez.
Una vez dentro de la sala un hombre corpulento les indicó con un ademán que se acercasen. Se encontraba sentado en el sillón principal, ataviado de un uniforme militar que llamaba la atención por las condecoraciones en forma de medalla.
--¿Nombre?
--Mael.
--Shu.
--Ese no. El número.
El más tímido se colocó detrás de su hermano mientras le agarraba la ropa. No solo le imponía el tono utilizado; también la silueta que miraba amenazante sobre sus cabezas.
--43, yo, Mael, y 44 mi hermano Shu.
--De acuerdo. Iréis los dos al escuadrón de destrezas.
Los gemelos salieron de la sala temblando, y así como a otros muchos les sucedió, tuvieron que someterse a un interrogatorio de confidencialidad en el que psiquiatras especializados consiguieron hacerles mantener el secreto. El procedimiento era el adecuado para evitar que los infantes filtrasen información involuntariamente; para ello, además, las lecciones eran pintadas como normales pese a que el contenido que se enseñaba era uno específico para los objetivos del proyecto.
En cuanto el día terminó los niños salieron a la entrada donde esperaban padres respectivos para recogerles. Una mujer esbelta, de largo cabello marrón, esperaba sentada a que sus hijos apareciesen por la entrada. Los gemelos se lanzaron en cuanto la vieron y empezaron a contarle sólo lo que tenían permitido: juegos, dibujos y todo lo que cupiese dentro de la cotidianidad de la vida de un niño.
--A Shu le han pegado hoy. Le dije que se espabilase.
--Es que tú eres muy bruto, Mael...
Los días transcurrieron uno detrás de otro y sin embargo, pese a que aprendían contenido muy diverso -dentro de lo específico- aún no conocían a qué estaba destinado. Cuando cumplieron ocho años el mandamás estuvo listo para informales de los detalles técnicos, así que los convocó a todos en la sala de reuniones. A esas alturas sus conocimientos ya eran avanzados pero seguían sin saber aplicarlos.
--Os he reunido para explicar los motivos por lo que habéis sido llamados a este proyecto. Lo que habéis aprendido solo es una etapa de inicio, desde este momento entráis en la verdadera prueba.
Este el proyecto EOD, o lo que viene siendo, un proyecto de exorcismo y exterminación de demonios. Las bases que habéis aprendido de demonología, bíblica, sustancias químicas o una primera introducción a la defensa, por ejemplo, son una muestra de ello. Ahora que tenéis la edad apropiada se comenzarán los entrenamientos intensivos... y las clases se volverán más específicas. Confío en nuestro trato de confidencialidad.
El selecto militar desapareció de la sala dejando solo un murmullo continuo tras de sí. Los gemelos aún se cogían de las manos, asustados, pese a que se habían acostumbrado desde los cinco años a ese lugar.
Ese día se reunieron como era costumbre para celebrar la misa en la iglesia. Los habitantes devotos se ataviaban con prendas específicas de los feligreses y se llevaba a cabo una procesión de su único Dios, practicando ciertas artes para eliminar lo que ellos consideraban malos espíritus.
Sin embargo, Mael y Shu estaban perdidos. Su madre había desaparecido y no lograban encontrarla. Era el día de su cumpleaños y lo único que pudieron hacer fue salir a buscarla. Ese día, cumpliendo ocho años y al inicio de su vida propiamente como exorcistas, los gemelos entraron en contacto por primera vez con un demonio. No obstante, no se imaginaban lo que pasaría: uno de ellos, inconsciente, se había abalanzado sobre la criatura que absorbía la energía de su madre. No hubo pérdidas considerables pero en cuanto acabó ese pequeño enfrentamiento el otro de los gemelos, que aún sujetaba a su madre poco a poco consciente, señalaba al restante.
--Mamá... Mael está raro.
Una cola apareció en la baja espalda, además de colmillos y un fuego azul que no pudieron identificar. Su madre, horrorizada, sabía lo que se manifestaba en ese momento... por eso cogió a sus hijos y los ocultó en casa. Desde ese momento las complicaciones llegarían una tras otra.
. . .
Después de ese nefasto acontecimiento la madre de ambos niño tomó medidas. Lo primero que hizo fue concienciarles de que su naturaleza /que no mencionó/ era un secreto del calibre de su entrenamiento del cual ella no conocía. Lo segundo: enseñó a Mael a esconder su cola por dentro de la ropa y le dejó crecer el pelo para ocultar sus orejas. Por suerte no eran rasgos muy llamativos por el momento a excepción de la cola. En cuanto el afectado de los dos hermanos se quedó dormido, Shu levantó la voz para llamar la atención.
--Mamá... ¿Mael se pondrá bien?
La mujer le acarició la mejilla con el índice. En su mirada de ternura se deducía la respuesta.
--Por supuesto. Ahora solo debes preocuparte por cuidar de tu hermano.
. . .
Los años pasaron sin complicaciones aparentes. El problema de mayor calibre estaba en los entrenamientos y en el trato al llevar a cabo estos: si en un principio habían educado a los niños con mano dura, ahora que se encontraban al inicio de la adolescencia cualquier atisbo de consideración había desaparecido. Las clases teóricas seguían su curso y las especialidades se trabajan detalladamente a esas alturas mientras que las prácticas de autodefensa implicaban un peligro cada vez mayor.
El director del proyecto se dejó ver aquel día.
--Buenas tardes. Hoy la clase es un poco diferente. Sé que os sabéis defender, al menos la mayoría, y que habéis superado las pruebas impuestas con animales de experimentación. Creo que ya tenéis edad suficiente para enfrentaros a una ligera muestra de lo que veréis en el futuro. Adelante.
El campo de entrenamiento se asemejaba a un gimnasio en cuyo interior /gigante/ se situaba un campo de arena y distintas gradas, como si aquello hubiese sido utilizado con la función de un circo romano. Las rejas se fueron abriendo lentamente para dejar ver a la criatura: un demonio de estatura media que parecía emitir un aura de amenaza inminente. Shu se escondió detrás de su hermano Mael, temblando, posiblemente porque la noche en la que su madre fue atacada conoció a una bestia de su misma clase.
La misma transcurrió con una rapidez increíble: dejaron que algunos niños fueran afectados por sus ataques y muchos otros solo sabían lo justo para defenderse. Estaban aterrorizados... excepto Mael; él ya se había enfrentado a uno así antes pero tenía terminante prohibido mostrar sus llamas en público. En uno de ataques Shu fue arrastrado con facilidad pero su hermano se interpuso a tiempo; acción que no pareció gustarle al cabeza del proyecto, ahora postrado en una de las sillas de las gradas superiores. De repente descendió de un salto y acabó frente a los dos gemelos que se encontraban uno junto al otro, posiblemente temblando de la impresión.
--Tú. --señaló a Shu para luego agarrarlo directamente del brazo--. Te vienes conmigo. --antes de que Mael pudiese reaccionar ya le había dirigido una mirada de advertencia. Aún así el chico le respondía de una forma extrañamente amenazante y peligrosa.
"¿Es él?"
"Puede ser él."
"¿Habéis visto sus ojos?"
"SUS OJOS. SUS OJOS."
--Callad. --ordenó el corpulento hombre que entró en la sala acompañado del hermano del recién nombrado. Lo sentó en la silla de mala forma y luego él se dejó caer en la propia. Se irguió sobre el susodicho con una sonrisa maliciosa-. Pronto lo sabremos.
. . .
Tras ese día los entrenamientos se sucedieron uno detrás de otro. Ahora el encargado aparecía todos los días y parecía tener alguna fijación especial por molestar a Shu, seguramente a causa de las reacciones de su hermano Mael que cada día se tornaban más peligrosas.
Así llegaron a la edad de 16 años sin saber que ese cumpleaños sería el último que pasarían juntos. La clase fue diferente ese día: no hubo¡ batalla física, ni teoría forzada, mucho menos enfrentamientos indeseados. Todos fueron reunidos en la aula para conferencias y dispuestos en fila como si se tratase de un regimiento militar.
--Silencio. --ordenó la figura del hombre causante de todo aquello; el encargado de llevar todo el sistema EOD que ahora se desplazaba con pasos pesados y firmes hacia el centro de la estancia. Al contrario de lo que creerían los presentes esta vez solo alzó la mano y dejó entrar a un adolescente que parecía de la misma edad de los espectadores. Simplemente pronunció una única cosa:- ¿Y bien? ¿Cuál es?
El adolescente bajó el escenario -había aparecido detrás de las cortinas- y se paseó por delante de todo el pelotón de adolescentes entrenados. Su mirada saltó de uno en uno hasta que se detuvo frente a los gemelos; específicamente cerca de Mael.
... Y sin embargo, fuera de las expectativas del primero al mando, señaló a su gemelo Shu.
--Es él.
Acompañado de una sonrisa sutil el capitán bajó de las escaleras y ordenó con un grito que se retirasen. Se encargó de agarrar a Shu del brazo mientras Mael era detenido por los guardias, incapaz de hacer nada. El militar desapareció por la puerta con los dos adolescentes: tanto el elegido como el que había elegido, para más tarde sentarlos en su despacho. Para entonces Shu no dejaba de llorar aterrorizado.
--¿Para qué me han elegido? ¿Qué hago aquí? ¿Qué van a hacer conmigo?
--Eso no te lo puedo contar yo. Es confidencial.
--... ¿Quién eres?
Esa pregunta tomó desprevenido a quien escuchaba pero no le dio tiempo a contestar; el nombrado ya entraba en la sala.
--Antes de que preguntes nada, mi querido Shu, prueba a mirar por la ventana.
¿De qué estaba hablando? Shu se levantó y acercó la mirada a los cristales. Por el momento no veía nada extraño... hasta que todo comenzó a verse nítido y ahora se adivinaban las figuras de sus compañeros moviéndose de un lado a otro. ¿Lo más increíble? Sus ojos presenciaron lo mismo que aquel día: destrucción, rabia, descontrol y... fuego azul. Un fuego de origen sobrenatural que consumía y era consumido por todos sus compañeros cuya humanidad estaba desapareciendo lentamente.
--¿DÓNDE ESTÁ MAEL? --antes de pudiese salir corriendo por un ataque el jefe lo atrapó por el cuello de su chaqueta. Shu no se lo creía: todos sus compañeros se envolvían en llamas azules y se atacaban unos contra otros sumiéndose en una destrucción que arrastraba todos los cimientos de su pueblo. ¿Y su madre? ¿Y su hermano?-- No lo entiendo. No lo entiendo... ¡son demonios!
--SILENCIO. --volvió a ordenar esta vez con un tono mucho más severo, tirando al susodicho hacia una de las sillas de nuevo e irguiéndose ante él. Pasó un brazo por el otro adolescente que ocupaba la sala con una sonrisa en los labios.-- Así es. Todos sus demonios; incluido tú. La E de EOD no venía precisamente por <End>; se refiere a <Election>.
Comenzó a aclarar a la par que la expresión de Shu palidecía.
--Has sido elegido, de entre todos tus compañeros, para ser el demonio que me lleve al triunfo de la batalla final. Has sido elegido por el propio destino. --colocó una mano en la cabeza del muchacho bicolor que se encontraba al lado. No tardaría en borrarle la memoria de ese día para evitar conflictos-. El Ragnarok.
Shu solo pudo pronunciar una última pregunta:
--¿Y tú... quién eres?
--¿Yo? Yo soy tu padre. El tuyo y el de todos tus compañeros.
Cuando fueron nombrados la mitad de ellos yacían muertos en medio de esa masacre.
. . .
Destrucción. Caos. Muerte. ¿Cómo un pueblo en el que se rezaba tan devotamente a un dios que salvaguardase la seguridad de todo este podía terminar de esa forma?
Se encontraba en ese momento en la sala con el proclamado Ragnarok y el director del proyecto. En una de esas salió corriendo y consiguió escapar por la puerta, casi siendo seguido por el primero mencionado.
--Déjale. Volverá.
. . .
Shu se encontraba corriendo por las calles del pueblo. La mayoría de edificios estaban ardiendo en llamas y sus compañeros parecían arremeterse los unos contra los otros ya transformados completamente en demonios. El fuego azul arrasaba con todas las existencias de punta a punta... Tanto Shu como Mael habían vivido engañados en un proyecto que solo era una fachada del auténtico propósito.
Shu se detuvo cuando descubrió como Mael era atacado por uno de ellos.
--¡Mael! --El adolescente se interpuso en ese momento. No supo muy bien cómo ocurrió pero el golpe nunca llegó. Para cuando se dio cuenta allí se encontraba él mismo: rodeado de fuego y con un aspecto mucho más monstruoso. Sentía una presión que a través de pulsaciones se iba haciendo más y más molesta...
Su hermano lo miraba horrizado. Por suerte la transformación no había sido tan bruta en él pese a que se esperaba lo contrario por haber despertado tan temprano. Aún así no pareció darle importancia en ese momento.
--Vamos a casa, Shu. --cogió la mano de su hermano sin miedo alguno y se aventuró a presentarse en su vivienda que, al igual que las otras, estaba presa de las llamas.
Los niños entraron buscando a su madre y la encontraron tendida en el suelo con una especie de arma en sus manos: una reliquia familiar cuyo origen habían desconocido siempre. Los gemelos se agacharon junto a la fémina y comenzaron a llamarla...
A llamarla...
¿O le llamaban a él?
Shu sintió una presión mucho más fuerte en ese momento y todo se volvió borroso. Su faz cambió completamente y sus rasgos se convirtieron en los de una bestia sediente. Su madre que empezaba a reaccionar fue abrazada por Mael mientras este, inevitablemente, temblaba del horror de sus acciones.
De un momento a otro agarró el arma que su madre portaba -al parecer en un intento por sacarla de casa y la desenvainó, tirándose directamente encima de su hermano Mael. Todo ocurrió demasiado rápido como para ser procesado a tiempo: su madre se intepruso y la espada terminó clavada en su vientre. Shu -o el demonio que se había manifestado de él- comenzó a reír de forma desquiciada hasta que de un momento a otro bajó la mirada y clavó sus ojos en el líquido rojizo que comenzaba a emerger del cuerpo ajeno.
Su madre le cogió las manos con una sonrisa dulce en todo momento.
--Este no eres tú, Shu.
Un nuevo pinchazo le asaltó la cabeza. Le iba a explotar en cualquier momento.
--Mamá... --el fuego comenzó a mezclarse con las lágrimas y su rostro se suavizó hasta el punto de mostrar dolor.
--No pasa nada. Esto tenía que pasar algún sabiendo las circunstancias... --estaba incapaz; de sus labios comenzaba a desfilar un hilo de sangre. Shu lo limpió con una mano y la mujer colocó otra en la mejilla de su hijo.
--Sujeta la espada, Shu.
Lo hizo sin entender lo que quería conseguir. En ese momento a hoja de la misma brilló y los ojos de la mujer comenzaron a perder vida.
--Quiero que... os llevéis bien... y os cuidéis mucho. Quiero que comáis bien. Que os abriguéis cuando haga frío. Que no os quedéis hasta tarde jugando. Que encontréis un lugar para vivir en paz. Que no olvidéis quienes sois. Y que por supuesto: os queráis como nadie os quiere.
Mael se acercó por el otro lado sin poder decir palabra, la escena le había dejado mudo por la impresión reciente. Shu estaba igual.
--No pongáis esa cara, mis niños. Yo no me voy a ir de vuestro lado. --con la misma sonrisa la mujer se dejó deslizar hasta el suelo-. No te separes de esa espada, Shu... Yo voy a estar en ella: mi parte humana se fusionará con ella. Te cedo mi parte humana porque quiero que tengas una vida normal. Una vida tranquila para que vivas como has vivido hasta ahora: como un niño con el amor de una familia.
Esa escena no tenía cabida en su cabeza. Mael y Shu solo eran capaces de llorar ante tal imagen; al parecer a medida que su madre iba cerrando los ojos y traspasaba su espíritu a la espada los rasgos de Shu se suavizaban.
Hasta que finalmente desfalleció. Shu guardó la espada y se levantó envuelto en lágrimas, ofreciéndole entonces una mano a su hermano... que de buenas a primeras la rechazó con odio en su mirada. Lo siguiente que ocurrió estuvo fuera del alcance: Mael echó a correr lejos de su hermano y el sobrante lo persiguió sin ententer sin era por miedo o por rabia.
¿Cómo había acabado de vuelta en el edificio que tantos dolores de cabeza le había dado? Cuando entró se encontró con su hermano en la espalda del causante de todo aquel estropicio.
--¿Mael...? --aún estaba demasiado conmocionado y las lágrimas aún se acumulaban en sus ojos.
--Mael se queda conmigo. Dice que... no esperaba que fuera así. ¿Verdad? Dice que ahora mismo solo está seguro conmigo. --una mano se colocó en el hombro del mencionado. Solo Shu podía percibir la sonrisa de quien se había proclamado como su progenitor--. Quiere estar con su padre. ¿Y tú? ¿Te irás... u obedecerás mis órdenes, por el bien de esta nueva familia?
Estaba en una encerrona. No tuvo más remedio que agachar la cabeza derrotado y pedir las condiciones. Desde ese momento su vida daría un giro de 180º en todos los sentidos.
–
Una tienda se apareció delante de sus narices sin saber siquiera de donde había salido o como había emergido. Shu entró completamente perdido, arrastrando tanto el alma como la vida que parecia pesarle en ese momento más que las verdades recientes.
--¿Perdona? ¿Dónde estoy?
--Estás en mi tienda y eso significa que tienes un deseo.
. . .
El demonio comandante y su hijo menor -el hermano de quien había huido en ese momento- se encontraban charlando en ese momento.
--¿Crees que has hecho bien al no contarle sobre qué es, exactamente?
--Por supuesto que sí, Mael. Este proyecto debe estar en completa confidencialidad... Ya que en el momento en el que lo creé ya había una entidad demoníaca encargada de gobernar. Sabía que vendrían tiempos difíciles. ¿Por qué te crees que cree toda una tapadera para conseguir una baza en la próxima guerra? ¿Sabes qué sois exactamente?
--Espero saberlo ahora.
--Sois mis hijos, sí. Pero también sois hijos de los demás. Cogí prestada tanto mi descendencia como la de los demás capitales para crear una serie de niños; experimentos o pruebas que pudiesen ser elegidos por el destino de las guerras, esto es, el Ragnarok. Sabiendo de antemano que nacería en estos tiempos... ¡eso significaba una nueva oportunidad! Quiero decir: ya me ves, he conseguido que me sirva en bandeja de plata la opción que me llevará la victoria.
--¿Y si alguien nos reclama? O le reclama a él. Ya solo quedamos nosotros dos vivos; y Shu ha sido elegido. Sabiendo que tiene un poco de todo...
--Fácil: seguís siendo mis hijos. Porque yo os he creado y porque gran parte de vuestra existencia viene de mí. Podeís ser de todos; pero me he encargado tanto de que nazcáis como de que mi descendencia predomine. Como los genes dominantes, ¿has oído hablar de eso? De todas formas sí es cierto que en un momento u otro puede tender hacia cualquiera.
--Entonces no entiendo por qué ha sido con humanos.
--Porque se tenía que ver el desarrollo. Nacer de tantas entidades... ¿sabes lo que ocasionaría eso? Bomba. Hecatombe. Todo lo malo del mundo pero de forma explosiva. Tener parte humana no impide que pueda desarrollarse la otra y que se pueda convertir en un demonio lentamente; así es como se vuelve más poderoso uno. Corrompiéndose. Y dime... ¿cuándo le piensas decir que estás conmigo?
--Creo que él se dará cuenta pronto, Amón.
. . .
--¿Qué es lo que deseas?
--No lo sé. Lo he perdido todo en unos segundos. He perdido mi hogar, he perdido mi familia, he perdido a mi hermano y a mi madre. He perdido... todo. Solo me queda esto.
Elevó la espada temblando donde se hallaba la parte humana de su madre; aquella que le había cedido con su muerte para poder mantener la poca humanidad y equilibrio que quedaba en él.
--Te puedo conceder una nueva oportunidad. Según las órdenes que te han dado, debes introducirte en una compañía... y yo puedo darte el modo: una habilidad que les interese a los investigadores, como el conocimiento y control de la sangre. ¿Qué te parece?
--Algo. Lo que sea. Por favor.
Estaba desesperado y Desire lo notaba con pena pero no comentó sobre ello.
--A cambio tendrás que pagar un precio. Primero: debo dejar que la conexión con tu padre esté abierta, es decir, le doy acceso a tu mente. Y segundo...
Hizo una breve pausa para continuar.
--Debo romper la promesa que hiciste. Debo borrar a Shu. Shu ya no existe. Cuando tu reflejo salga en el espejo debes cargar con tu pecado: verás a tu hermano tanto en actitud como en nombre, porque tu existencia ya no será la misma en este mundo. Debes cargar con ello toda tu vida, y la forma de recordártelo en esta. Te pasará más de una vida a tu espalda.
Shu, o ahora de nombre Mael, se dejó envolver por la magia del hechicero y fue cubierto por ella hasta transformarse completamente: de aspecto seguía igual pero de actitud no. Ni de nombre. Había un cambio, una esencia que le hacía verse exactamente como su hermano.
--Y desgraciadamente, tu nombre está condenado a desaparecer.
–...Acepto.
--Lo suponía. De aquí en adelante el único que puede guiar tu vida y desarrollo eres tú, Mael. Suerte.
--Es lo único que ahora me queda, Desire.
Más tarde el verdadero Mael acabaría en la tienda de Desire por un intercambio de su padre, y este empezaría a trabajar para desconomiento de Shu /Mael/.